MDI Venezuela | ¿Elecciones para quién? Por Nicmer Evans
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¿Elecciones para quién? Por Nicmer Evans

Una nueva élite política se trata de imponer desde las antípodas del poder para ir a elecciones, una suerte de artificio opositor sin base social, hecha a la medida de un gobierno que ejerce el poder a la fuerza, de manera violenta, pero con antifaces democráticos en pleno siglo XXI.

Esta neodictadura del siglo XXI que avanza en un sistema totalitario, que pretende controlar el alma de todos en nombre del socialismo del siglo XXI y del “prócer” Chávez (especie de semidiós del olimpo, inmortal pero carnal, muerto pero eterno, que sedujo a muchos venezolanos a pensar que en manos de un solo hombre podía estar la solución de todos los problemas, como una especie de mesías tropical con muchas ovejas descarriadas, en su clara práctica totalitarista), insatisfecha con aplastar a las mayorías con una microminoría corrupta con el monopolio de las armas, decidió tomar por asalto a la oposición maniatada.

La técnica implementada por el neototalitarismo es la reingeniería electoral nicaragüense, confeccionando una oposición a la medida, cuyo centro fundamental de discurso justificador es la búsqueda de la conciliación con el “presidente” que torpemente fue electo en un fraude (tal como lo dijo el candidato incompetente del 20 de mayo de 2018), pero que hoy hace al dictadorzuelo “presidente” reconocido por la denominada “Mesa de Diálogo Nacional”, una especie de Mesa de la Unidad Democrática (MUD) pero sin patas, constituida por partidos que hasta ayer reconocían a Guaidó como presidente de la AN y como presidente interino, y “líderes” que incluso estaban disputándose embajadas en el momento de mayor efervescencia del movimiento insurgente.

La fase superior del neototalitarismo es la fragmentación de la oposición en resistencia. Todo un sistema de corrupción, con maletines de euros por el medio, que logran dividir a la única institución en pie ante el neototalitarismo: La Asamblea Nacional, y lo logran a cambio de la promesa a algunos diputadillos (que hasta un día antes le pedían miles de dólares a Guaidó mientras negociaban cientos de miles y millones en el mejor de los casos con Maduro, Diosdado, Cilia, El Aissami, todo registrado en la reunión de La Fortaleza en Fuerte Tiuna el 7 de diciembre de 2019 a las 6 de la mañana), que serían la “oposición” del futuro, reconocida por el régimen. 

Pero esto no era lo único, porque la reingeniería del sistema de partidos políticos, para afectar de manera determinante el sistema electoral, estaba en manos del TSJ del régimen, un órgano, clave para la consolidación del neototalitarismo, forma avanzada del stalinismo, el fascismo y el nacismo a la venezolana, que se autoconsuela con una institucionalidad bufa que satisface pequeños fragmentos del discurso del dictadorzuelo para poder seguir hablando de “elecciones” y “democracia”.

El TSJ del régimen, esperando el preciso momento, en medio de una arquitectura perversa, muy bien diseñada (ojalá fuesen tan buenos para desarrollar la economía), logra socavar pequeños sectores de actores de mentes muy débiles (e intereses económicos muy amplios), de algunos partidos mayoritarios de la AN legítima.

Ya unos minados previamente con los maletinazos que divide la AN y expropia la legitimidad de Guaidó, y otros envilecidos con la necesidad de ir a elecciones como sea porque es su forma de vida, y no participar es descapitalizarse, sin importar condiciones ni sentimientos de las mayorías, se quiebran de manera pragmática para, a través de un órgano que hasta ayer desconocían y del que despotricaban, recibir la tarjeta del partido que traicionan. 

Mientras tanto, una oposición taciturna, con un liderazgo joven, valiente, arrojado, pero inexperto, rodeado de contradicciones e intereses mezclados con frustraciones y complejos entramados de poder y negocios oscuros en medio de una dictadura, avanza sobre el apoyo internacional, pero con muchas carencias de como organizar una revolución, sí, revolución, a leído bien, porque así se llama lo que necesita Venezuela, una verdadera revolución con evolución, ni de izquierdas ni de derechas, una revolución de la gente, de la ética. 

Hoy desde la oposición, disminuidos con quienes se han prestado al divisionismo y fraccionamiento, pero irónicamente en mayoría, es inviable avalar unas elecciones donde todo el sistema neototalitario nos pone en desventaja, porque no estamos unidos porque han dinamitado y su microminoría se alimenta del fraude. 

En lo personal no estoy en contra de quién decida por convicción ir a votar, mi lucha es por extirpar a quienes de manera corrupta encabezan una cruzada por unas elecciones macabras, y aún albergo la esperanza de ir a votar muy pronto porque soy un demócrata convencido, y por ello lucho por unas elecciones de y para la gente, no de y para nuevas élites.

Pero hoy, sin una verdadera revolución de la gente, sin partidos (al estilo de Bolívar antes de su muerte, cuando habla de divisiones) y con el proyecto democrático por delante, para la construcción de una nueva democracia, no habrá libertad.

(*) Politólogo, MSc en Psicología Social, Director General de Punto de Corte, Director Político del Movimiento Democracia e Inclusión y miembro de la junta de conducción de la Plataforma Nacional de Conflicto.

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