(Opinión) El espíritu de lucha en tiempos de pandemia, persecución y censura en la Venezuela del siglo XXI. Por Jimmy Pérez

Es indudable que a lo largo de éstos últimos días en cuarentena, los medios de comunicación oficiales y privados monopolizan la información aceptable para el régimen Madurista y continúan sistemáticamente induciendo una idea de normalidad y control a un sector del país que no tiene acceso al internet y en consecuencia a las redes sociales para imponerle la siguiente matriz de opinión: el gobierno venezolano ha logrado contener la pandemia generada por el COVID-19, la efectividad del sistema patria a través de una compensación económica que le otorga a más de 6 millones de familias y la distribución eficiente de la gasolina a los sectores priorizados. Lo fundamental aquí es apuntar que en éstas breves líneas se combinan tres falsedades que conforman una gran mentira, ya que no se conoce la verdadera estadística de contagios COVID-19 en el país, así como también es totalmente comprobable que los bonos de la patria no pueden cubrir ni una cuarta parte de los precios de la cesta alimentaria, y por supuesto el aumento de las protestas que no han sido como algunos quisieran, pero detrás de las movilizaciones populares en contra de las medidas de aislamiento obligado, los altos costos y la corrupción en el suministro de la gasolina, son producto de las políticas sociales y económicas promovidas por el gobierno fáctico de Maduro reflejándose una existente mayoría de venezolanos que tiene sed de justicia. Pero vayamos punto por punto, para ir desmontando la falacia.

En primer lugar, se debe afirmar de forma contundente  que el sistema de salud en Venezuela no se encuentra preparado para atender las enfermedades más comunes, mucho menos lograr contener una pandemia con las características del COVID-19 y en ese sentido, el sistema hospitalario ha venido sufriendo una debacle pues el personal médico, las enfermeras y demás profesionales de la salud vienen renunciando a los puestos de trabajo, y a la par ocurren casos de persecución por los aparatos represivos privándoles de su libertad por el simple hecho de levantar su voz ante el injusto salario, la precariedad de la infraestructura en los hospitales, la falta de insumos médicos y el ocultamiento de las estadísticas por contagios de COVID-19 pero, desafortunadamente esto no se convierte en noticia nacional, y mucho menos se denuncia por miedo a la aplicación de la “Ley contra el odio, por la convivencia pacífica y la tolerancia” conocida como la “Ley del Odio”,ya que en Venezuela, como estamos en el mundo al revés es una costumbre que se siga castigando al trabajador honesto y se premie al corrupto.

En segundo lugar, las medidas adoptadas por el régimen de Maduro en materia económica bajo la frase “El coronavirus ha traído una crisis sin precedentes en la economía, las finanzas y el petróleo”, una declaración cínica que busca achacarle a la pandemia del Covid- 19 como antes lo hizo con las sanciones EUA y en muchas oportunidades al bloqueo económico e incontables veces a la llamada guerra económica, que dicha guerra es conducida por la élite económica del país y capitaneada por Maduro en contra de la mayoría del pueblo venezolano. Diversas investigaciones de expertos económicos han demostrado que en la administración de Maduro ha generado un período de recesión económica de la más larga del mundo.

El Banco Central de Venezuela luego de años de ocultamiento de las cifras macroeconómicas, a principio de año se dio a conocer un reporte que mostraba la inflación para el mes de abril de 2019 de 33,78% y el acumulado de un año entre abril 2018 y abril 2019 fue de 283.972,81%, ésta publicación responde a las amenazas por parte del Fondo Monetario Internacional ante sanciones de limitaciones a sus derechos especiales de giro. Pero también PDVSA no escapa de esa catastrófica realidad, pasó de ser una industria que producía 2.5 millones de barriles diarios para producir actualmente unos 733mil barriles diarios, afectando directamente al abastecimiento de la gasolina y gasoil; con un panorama difícil económicamente y en un evidente default, la ilegítima Asamblea Nacional Constituyente promueve ocho leyes para estimular la economía nacional; entre ellas la Ley de Abastecimiento Soberano y de Precios Acordados de 50 productos, éstas leyes en la actualidad son letra muerta, demostrándose la incapacidad del equipo económico de Maduro en afrontar la crisis económica afectando la cotidianidad del ciudadano común que no puede acceder a los altos costos de la cesta básica, y nuestra pregunta sobre estas ocho leyes de la ANC ¿han cumplido con sus fines y propósitos? ¡Por supuesto que no! para la muestra un botón, las reservas internacionales venezolanas caen a 6.631 millones de dólares comparándose al nivel de los años de 1989 según informe del Banco Central de Venezuela, y entre el 20 de marzo al 22 de abril el valor del bolívar con respecto al dólar ha perdido casi un 63% de su valor, que se cotizaba en Bs. 72 028.72 ahora se encuentra en Bs. 192 753.21 en el mercado paralelo afectando directamente en los precios de la cesta básica provocando una hiperinflación. Ésta crisis económica en tiempos de cuarentena ha venido afectando la pequeña y mediana empresa, donde cada vez desaparecen abriendo pasó a la aparición de grupos oligopólicos que se fortalece en el narcotráfico, la minería ilegal y bachaqueo, atentando sistemáticamente al medio ambiente, el hábitat en las principales reservas forestales del país, como también a la soberanía alimentaria y por tanto en el detrimento del derecho a la vida que tenemos miles de millones de familias venezolanas. El modelo rentista y extractivista monoproductor de Maduro y sus grandes procesadores e importadores de alimentos se han convertido en cuasi oligopolios, debido a que el poder monetario que vienen acumulado crece como nunca antes, bajo la complicidad de la administración Madurista, convirtiéndose en el mayor beneficiario y aprovechándose de ésta pandemia para poner “el pan más caro en la mesa del venezolano” con el salario más bajo de la región. Mientras tanto, los trabajadores tienen que soportar humillaciones y conformarse, en el mejor de los casos, con el esporádico beneficio de la caja CLAP, que no alcanza para las millones de familias y seguir las recomendaciones de los jerarcas del PSUV en “estirar la caja o reducir las porciones de espaguetis y lentejas”.

Éste es el concepto de “soberanía alimentaria” tan sui generis que defienden el modelo rentista, extractivista e importador de Maduro y por supuesto al crecimiento de los oligopolios mafiosos, pero la verdad es que mientras se promueva éste modelo rentista a través del blanqueo de capitales, mecanismos de chantaje y sometimiento a millones de venezolanos para reducir su consumo de proteínas y carbohidratos, entonces la tan utilizada frase en los discursos chavistas sobre la “soberanía alimentaria e independencia económica y desarrollo endógeno” siempre fue una farsa que sirvió para saquear nuestras riquezas y destruir lo poco de producción nacional existente; y desafortunadamente éste modelo es un ejemplo de esta realidad a lo largo de 20 años de estafa y fortalecimiento de una nueva élite al servicio de los intereses de las clases económicas del país. En definitiva, volvemos a estar en el mundo al revés, donde la “distribución equitativa” de la riqueza quedo en pocas manos y mientras las muchas manos quedaron vacías, y por tanto se atenta una vez más contra el derecho a la vida. Aquí en Venezuela, lamentablemente se apoya desde las altas esferas del régimen a los intocables y se castiga con hambre a los trabajadores.

En tercer lugar, nuestro país está viviendo una permanente movilización popular a favor de la libertad y la subsistencia; pero no plantea la toma del poder político como objetivo sino un ejercicio progresivo en el levantamiento de la ciudadanía hacia la conquista de la restitución de sus derechos humanos y la defensa por la vida, lo destacable es que la organización comunitaria trasciende lo político partidista para enfrentar el COVID-19 y a pesar de que lo cotidiano se ha convertido en una condena, presenciamos un fenómeno donde la nobleza y la disposición de lucha junto al apoyo mayoritario de los estratos sociales bajos y medios en la búsqueda de la libertad, como también en la búsqueda de alternativas para la superación de esta pandemia sin esperar por las dádivas o por las políticas clientelares, y por tanto, en tiempos de represión, tortura y censura, las movilizaciones populares, sus voces críticas más relevantes junto a sus organizaciones comunitarias continúan en una conducta intacta de espíritu de lucha manteniéndose en diversas formas de resistencia, y una de ellas es la recuperación de la ilusión y  esperanza por alcanzar la libertad, otras muy peculiares como la solidaridad vecinal y la unión familiar en momentos de crisis económica, como también la superación del debate político partidista por la convivencia y la unión de propósitos.

Ésta conducta en el fondo es la fuerza interior que nos permite luchar de forma constante para no permitir que el miedo, la revancha, la división y la censura madurista sean parte de su dinámica y esto se puede demostrar en la calle, donde dos proyectos de convivencia muy antagónicos, el de la democracia, es decir los ciudadanos, y el de la destrucción del siglo XXI, es decir los que gobiernan ilegítimamente Miraflores. Éste espíritu de lucha del venezolano tiene mucha vigencia en los hospitales, en cada esquina de la comunidad y en el hogar, como en muchos maestros y su empeño por dar luces ante tanta oscuridad, así mismo con los productores del campo, pescadores y campesinos haciendo de tripas corazones para vencer el hambre, como también muchos venezolanos que aprendieron de los fracasos, de las frustraciones y las traiciones para sobrellevar esta pandemia criminal. Estamos viviendo un momento crucial que decidirá el rumbo de nuestra historia y la inmensa mayoría de los venezolanos cuestionarán las actuaciones de los saqueadores y su élite económica para ir tomando un camino diferente, un camino hacia la construcción de una nueva democracia incluyente y plural, asumiendo con valentía el desafío que eso significa. Tengo la esperanza que la mayoría escogerá el camino hacia la libertad.

Miembro Nacional del Movimiento Democracia e Inclusión

#LibertadOLibertad

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