MDI Venezuela | (Opinión) El ultrajado campesino venezolano. Por Juan Francisco García
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(Opinión) El ultrajado campesino venezolano. Por Juan Francisco García

El campesino venezolano, nuestro campesino, trae consigo una carga histórica de desalientos, contradicciones, utilización, engaño, manipulación, y un sin fin de calificaciones, que los describe en medio de tantas penas y angustias, al parecer imposibles de superar, al menos en los actuales momentos y con el actual régimen de Nicolás Maduro.    

Sí un sector de la sociedad venezolana, creyó en el proyecto político de Hugo Chávez, como un punto de eclosión  del campo venezolano, fueron ellos: los campesinos, imaginándose la oportunidad de obtener financiamientos, asesoría, y mejoras de las condiciones sociales del campo, teniendo hoy que asumir con honda tristeza, la estafa del siglo que significo el modelo, más corrupto, excluyente, de persecución y amedrentamiento al pueblo, que atesora la tierra como su único medio de supervivencia.

La realidad fue desbordante, se premio la corrupción agiganta en medio de cada programa de financiamiento, los créditos otorgados, fueron a manos de quienes ninguna relación  tenían con la producción agrícola o pecuaria, el único requisito era ser militante del PSUV y repartir porcentajes de crédito, el Instituto Nacional de Tierra, (INTI) fue el órgano encargado de falsificar cartas agrarias, y así validar créditos exonerados, que fueron rápidamente transformados en vehículos y en bienes suntuosos, las maquinarias agrícolas otorgadas en buena parte fueron objetos de contrabando a Colombia, todos los organismos del Estado inherentes al desarrollo agrario,  en manos de indolentes del sector agrícola, sin competencias, ni conocimientos, de lo que significaba elevar la producción del campo para el país, y del valor de fortalecer un movimiento campesino probo, digno, fuerte y sobre todo real, el Ministerio de Agricultura y Tierras en los tiempos de Chávez era dirigido por un sociólogo, hoy en manos de un aviador, con una visión totalmente aérea del campo, haciendo honor de su conocimientos, los fondos; FONDAFA Y FONDAS, son un episodio de oscurantismo e utilización de los campesinos, las pérdidas fueron trágicamente millonarias e injustificables.

Por si fuera poca cosa, se conformaron con toda la corrupción, se apoderaron del término –campesinos-, fabricaron en laboratorios, movimientos sociales del campo, como es el caso de la corriente Bolívar y Zamora, a su vez brazo social de las FBL, organización criminal, paramilitar que opera en los Estados; Apure, Barinas, Cojedes, Táchira, y Zulia, mientras los verdaderos campesinos siempre fueron ignorados, porque su tiempo era para labrar la tierra y no para hacer fuerza en corrientes políticas, Elías Jaua, provoco el daño mas horrendo que podamos imaginar en el campesinado venezolano, causo daños económicos y culturales irreversibles al país.

Aunado al montaje de todo este andamiaje ideológico con estructuras falsas, para controlar lo concerniente a recursos para el campo e invertirlo en pequeños grupos que tributaran políticamente a los interese del jerarca del ministerio y de líderes del PSUV, también los grandes negocios; la economía de puertos, trabajaron en traer ganado para fortalecer el pie de cría en Venezuela, con altas comisiones con ganaderos de Brasil, y el ganado que importaban era de descarte, ganado de matadero, que terminaban otorgándoselos a falsos productores, y así engrosar la cadena de cómplices del desmoronamiento del aparato productivo venezolano, compraban ganado para descarte, trayéndolos durante tiempos considerables en barco, cuando era más ventajoso y restable para el país traerlo ya beneficiado, solo impero el jugoso lucro y jamás los intereses del país. 

Las expropiaciones, significaron el salto al vacío, se acabo con hatos que si bien su capacidad productiva era mayor, no eran unidades improductivas, la expropiación de la finca: la marqueseña de barinas para conformar la empresa ganadera Santos Luzardo, con la agrupación de cerca de 30 unidades de producción expropiadas y otras incautadas del narcotráfico, dejo una estela de corrupción, de saqueos y finalmente de improductividad que se pagan caro el día de hoy, en el caso de los Estados llaneros hay demasiados casos emblemáticos, solo una referencia:  la compañía inglesa, se le expropiaron varias unidades de producción en el Estado Apure, pero entre ella, el hato el Frio, en el mismo  existía la casa de José Antonio Páez, en ella se planificaron varias batallas de la gesta libertadora de nuestra nación, en ese hato existían un poco mas de 20 mil cabezas de ganado, hoy no hay dos mil reses luego de su expropiación.  La casa del General José Antonio Páez, que era patrimonio histórico de la nación fue demolida para construir una casa moderna, por instrucciones del responsable de la empresa ganadera Marisela, el sociólogo Aníbal Espejo, designado por supuesto por Elias Jaua.

No ha bastado con la utilización y desatención, a nuestros campesinos, sometidos, a costos excesivos de los productos; alambres de púas, medicinas veterinarias, repuestos de maquinarias, e implementos agrícolas, alimentos apara animales ABA, cuajos, ausencia de combustibles, entre otros, hoy lo persiguen lo amedrentan, pues en vista que ya han acabado con todo el país, ahora van tras la madera, los arboles, sin importar que tengan que asesinar, criminalizar al obrero de la tierra, este es un sector de nuestra sociedad de los más vulnerables, que debe ser atendido con urgencia y protegido, el destino del país en vista de los acontecimientos mundiales, estará en nuestra fuerza productiva, y creadora, el futuro de Venezuela, está en la tierra, es preciso que todos unamos para salvarla y salvar a las manos que la trabajan, bien demostrado ha quedado en medio de la crisis política venezolana, y ahora acentuada por la pandemia COVID-19, que los pueblos deben ser realmente soberanos, y esa soberanía es la auto sustentabilidad y producción de alimentos, sin demagogias y charlatanerías.

El futuro de Venezuela está en la tierra y en su gente. 

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