MDI Venezuela | (Opinión) Especial del Día del Periodista|Los pobres ofrecen a la iglesia la nobleza de sus milagros. Por Ignacio Laya
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(Opinión) Especial del Día del Periodista|Los pobres ofrecen a la iglesia la nobleza de sus milagros. Por Ignacio Laya

El caso de la Beatificación del Dr José Gregorio Hernández pudiera ser un Record Mundial por la cantidad de años empleados y los centenares de supuestos milagros ofrecidos por la feligresía a favor de La Causa de llevar a los Altares al “Médico de los Pobres” nacido en Isnotu, Estado Trujillo.

Esos milagros envíados desde todos los rincones del pais dan fe de las diversas curaciones pero al final de las evaluaciones el Vaticano los deposita en el Baúl Especial donde van a parar los de la fantasía y la especulación.

Los pobres optan por el milagro como legítima defensa: la necesidad de protección ante las precarias condiciones sanitarias y como un sentimiento de seguridad que le ofrece El Santo de su preferencia.

En esos milagros siempre estará la mano de los abnegados Médicos y Enfermeras porque tienen las herramientas de la vida y la solidaridad. Fue él clero venezolano quien aperturó La Causa de los Milagros en el año 2011 y fue tal el impacto de esa agresiva campaña publicitaria que para 2014 ya habían presentado medio millar de testimonios hasta que en 2017 una niña salió airosa de de un tiro en la cabeza y la madre ayudó a la Corte Médica Papal a tomar como un verdadero milagro que permitió se le otorgara la beatificación al Dr José Gregorio Hernández que gozaba de la distinción de Venerable desde 1986 gracias al Papa Juan Pablo II. Goyito murió atropellado por uno de los pocos carros que circulaban en Caracas hace 101 años exactamente.

La beatificación sólo le otorga veneración nacional en los templos del pais según el protocolo administrativo hasta que no se le reconozca el otro milagro indispensable para el grado más elevado: La Canonización que si tiene carácter universal.

La Iglesia tiene su base de sustentación en los pobres. La doctrina de la fe católica los equipara con la vida azarosa y la humildad de Jesús con la existencia de los millones de pobres de América Latina. Somos los pobres los que más animamos la vida de las capillas, iglesias, catedrales y del Vaticano. Gustosos cantamos, paseamos y adoramos el extenso patrimonio católico planetario.

En las fechas especiales bajamos del cielo a nuestros máximos símbolos espirituales para compartir con ellos las alegrías y tristezas terrenales. Es una entrega infinita que nos da la autoridad y el derecho suficiente para mantener ante ella una actitud crítica y promover nuestros valores sentimentales para vencer el eterno anonimato que nos invisibiliza y margina. Esa persona pobre que camina con la mirada perdida en el dolor que lo martiriza siempre va con el paso lento de los pies cansados.

Lleva todos los días a cuesta la pesada Cruz de la indiferencia y la injusticia de los poderosos mientras cae y se levanta de nuevo porque lleva en lo más profundo de sus corazones el milagro de la esperanza que ilumina el sendero donde va siempre a encontrarse con ese Dios que está muy cerca de pueblos como el venezolano que tiene muchas ansias de pelear y vivir con dignidad. Una inmensa mayoría de los 30 millones de venezolanos empobrecidos a veces no lo encuentran dentro de la espesa y tétrica niebla que ensombrece a una de las naciones más ricas del mundo.

Esas limitaciones no va a impedir la certeza de que José Gregorio Hernández no puede llegar por si sólo a los altares sin el apoyo de nuestra poderosa fuerza de fe católica que ha de conducirlo al cielo. Ese apoyo de las manos que le ofrecemos es para que también entremos con él para alzar juntos la bandera de la libertad, lejos de ese intenso sufrimiento que nos hace padecer.

La vida tendrá más sentido si el pobre encuentra la paz, el respeto y la convivencia así en la tierra como en el cielo. En este tiempo de calamidad pública Dios debe brindar su inmenso poder a la feligresía que reclama su presencia con frenesí. Sin su ayuda se dificulta despejar el camino minado por los excrementos del Diablo, obstáculos nauseabundos que impiden transitar la vía de la salvación nacional que soñamos en estos tiempos de tanta hipocresia y burla contra los más débiles.

Los pobres de Venezuela seguiremos entregando a la iglesia la fuerza y la nobleza de nuestros milagros aunque sean bulliciosos, imaginarios en este tiempo donde se nos dificultad seguir en rebeldía diciendo que la iglesia sólo nos brinda un falso sentimiento de seguridad. Los Pobres de Venezuela tenemos la urgencia de entender que el Gran poder de Dios esta adormecido en lo más profundo de nosotros y debemos tomar la decisión de levantarlo para seguir viviendo los eternos minutos del sentimiento del periodismo venezolano liberador y rebelde.

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