(Opinión) Los tapabocas del silencio. Por Ignacio Laya

Yo quisiera estar en cuarentena todos los días lejos de ese maltrato diario de las colas hasta para ir al cementerio a nuestra última morada.

Dígame nosotros los viejos, pensionados y jubilados que deambulando por las calles desde el amanecer para ir al banco para que nos den 20 mil bolívares como si esa fuera una limosna para dar un paseíto por algunas parroquias atravesada por la avenida Soublette.

Aquí tenemos años rchandole bolas a la calle por necesidad no por callejeros. Somos parte de esa mayoría de venezolanos que estamos condenados, desde hace tiempo, a vivir la cuarentena que a diario nos aísla de las necesidades básicas como si el único derecho que tenemos es morir con el tapabocas del silencio.

En buena hora los africanos nos legaron los genes de la rebeldía para oponernos a las tiranías y a los injustos.

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