MDI Venezuela | VENEZUELA EL PAÍS QUE LE DIO LA ESPALDA A LA MODERNIDAD
El Movimiento por la Democracia y la Inclusión es un partido político venezolano que agrupa a partidarios de distintas tendencias ideológicas, cuya orientación se dirige a la reconstrucción de la república. Nuestro objetivo es #LibertadOLibertad
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VENEZUELA EL PAÍS QUE LE DIO LA ESPALDA A LA MODERNIDAD

Por: Pável Mudarra

En la década de los noventa en la universidad hablábamos de la postmodernidad y como nos afectaría en América Latina. Una de las dudas que tenía en aquel entonces sobre ese tema, era la sensación de vivir en un país donde la modernidad no era completa, al menos existía una parte de la población que tenía otros códigos para interpretar su realidad.

Veinte años más tarde y a la luz de todo lo que hemos vivido como nación pude entender que mis dudas de aquella época estaban bien fundadas. La modernidad como tal y el proceso de secularización no ha sido lineal, ni se ha dado de manera homogénea en todo occidente. Lugares y circunstancias la han definido, unos pueblos se han resistido a ella, o simplemente buscaron que su visión del mundo sobreviviera aunque fuera  distinta a la moderna.

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Rómulo Gallegos en su obra maestra “Doña Bárbara” y Manuel Díaz Rodríguez en “Ídolos Rotos”, definieron el conflicto entre estas dos visiones del mundo

EL PENSAMIENTO NO – MODERNO SOBREVIVIÓ EN VENEZUELA

La versión española de la modernidad llegó a América en barco y como señala el padre Alejandro Moreno en su obra “El Aro y la Trama”, era una forma de ver ese mundo nuevo a partir de esquemas cognitivos y analíticos muy distantes. Formas que intentaron dominar ese otro pensamiento.  Como respuesta, esta otra visión, con sus estrategias buscó la manera de perpetuarse.  Un ejemplo de esto es la obra del indio Diego Quispe Tito, pintor inca obligado por su destreza a crear pinturas alusivas al cristianismo, en cuyos lienzos de una forma subversiva plasmaba los símbolos de la cosmogonía inca, inspirado en el deseo de perpetuar su comprensión del universo.

Esa manera no moderna, con sus elementos simbólicos y culturales más sobresalientes,  transitaría paralela al afán de asumir la modernidad, de acercarse al pensamiento europeo como imagen del progreso. Serían dos mundos con códigos de interpretación muy diferentes. Que en Venezuela, tendría además la presencia de la cultura africana, con toda la carga de valores que esto significa.

EL CONFLICTO DE DOS MUNDOS

Rómulo Gallegos en su obra maestra “Doña Bárbara” y Manuel Díaz Rodríguez en “Ídolos Rotos”, definieron el conflicto entre estas dos visiones del mundo. Relacionadas, pero también enfrentadas, que claramente se podían ver entre lo rural y lo urbano de la Venezuela de la primera mitad del siglo XX, o entre los social y económicamente excluidos y los incluidos de la segunda mitad de ese siglo. Un conflicto que era mucho más que económico y que no pudo ser interpretado a partir de los códigos modernos.

Situación que no es exclusiva de Venezuela, se vive en muchos otros países del continente, donde las civilizaciones indígenas fueron grandiosas. Países donde buena parte de la población aún habla Quechua, Aimará, Mapundungu, Guaraní, etc., lo que de por si indica que existe una cultura muy autóctona, con rasgos muy propios y diferentes a la modernidad, aún cuando en gran medida se asimila a esta y dependiendo del nivel de apertura y aceptación de la diversidad que el mismo estado moderno aplica, el conflicto tienden a disminuir y en algunos casos se normaliza.

Pero cuando es el gobierno el que tiene la otra visión y maneja códigos distintos a los de la modernidad, puede ocurrir que se inicie un proceso de transformación del Estado con una orientación que en nuestro país implicó la minimización o destrucción  de muchas de las instituciones y maneras de hacer las cosas que definen al Estado moderno. A partir de la condena de Estado burgués, o de liberalismo, o de cualquier otra categorización, se inician cambios hacia la creación de una forma de gobierno que responde a otra lógica.

DEMOLER EL ESTADO MODERNO

Sería precisamente en los noventa, cuando en medio de una crisis política, apareció Hugo Chávez, quien por sus orígenes rurales, manejaba muy bien los códigos de la otra cultura. Precisamente durante auge petrolero y a raíz de la migración del campesinado hacia los centros urbanos esa cultura se volvió predominante en los cordones populares que rodean las grandes ciudades. Entre los códigos más comunes que aparecen en esa otra visión del mundo tenemos  al mesianismo por ejemplo, factor que sería importante en la propia victoria de Chávez,  la fe en el buen destino como  antídoto frente a la ausencia de planificación,  la búsqueda de una justicia de igualdad, que se transforma también en resentimiento ante el que más tiene, la sustitución de lo académico por lo popular, el matriarcado etc. Son conceptos que serían utilizados por el chavismo una y otra vez a lo largo de estas dos décadas.

Pero más allá del uso de estos conceptos como parte de la propaganda política se fueron convirtiendo en una forma de actuar desde el gobierno.  En la construcción de su basamento ideológico  se usaron los más variados y profusos contenidos, tendencia y teorías. Desde el “Oráculo del Guerrero” de Lucas Estrella, hasta el socialismo libertario de Noam Chomsky. Todo cabe en el mezclote  ideológico. Se utilizan tanto las justificaciones más liberales, como las del materialismo histórico. Tal variedad de cosas que se dicen y desdicen a lo largo del tiempo, convierte la propuesta del chavismo en algo muy confuso, que termina diluyéndose en una niebla de ideas que no se concretan en nada. Solo queda la forma de gobernar. Las decisiones del gobierno terminan por definirlo.

Aunque en medio de esa niebla confusa, un aspecto se nota claramente, la intención de anteponer frente al constructo ideológico del estado moderno, al líder necesario que hace las veces de intérprete de la  realidad. Poco a poco la toma de las decisiones se concentra en un solo hombre. Así se va construyendo  un gobierno que respondía a la idea del ejercicio del poder de la visión no – moderna del mundo. Un poder autoritario, con efectos inmediatos sobre la realidad, que ejerce el castigo o premia y lo que es peor que depende de los deseos  de esa especie de elegido, quien se encuentra envestido de cierto don o cualidad específica, que le da autoridad para ejercer el poder de la manera que le parezca.

EL GOBIERNO DE UNO

Podríamos intentar definir esta forma de gobierno como un totalitarismo,  similar a los que ya hemos vivido dentro de la misma modernidad. Sin embargo uno de los rasgos característicos del totalitarismo es la imposición de una ideología homogenizadora y la intromisión en toda la actividad humana. Aunque el chavismo lo intentó, su amplia y confusa ideología no le permitió alcanzar este objetivo. Pudo impactar en cierta medida mientras tuvo la chequera petrolera, una vez el espejismo de los petrodólares desaparecieron sólo quedó una tecnología de dominación que se nutre de la precariedad y hace uso de otro tipo de recursos como el miedo, pero que siempre enfrenta una actitud irreverente. Incluso el mismo gobierno abandonaba rápidamente muchas de las camisas ideológicas que se había colocado en algún momento, si las mismas contravenían con su libre ejercicio del poder.

EL ABSOLUTISMO SE IMPONE

La forma de gobierno del chavismo – madurismo, es más parecida a una especie de absolutismo suigéneris, más o menos similar a los propios del antiguo régimen, pero en su etapa más decadente. Salvo que en nuestro caso no son señores feudales que se someten a la voluntad del monarca, atraídos por la fuerza creciente del poder que emanaba de las nuevas ciudades, sino que son grupos y sectores políticos, económicos, etc., que permanecen orbitando alrededor de la esperanza de obtener generoso beneficio de los negocios públicos.

Este peculiar absolutismo no parece una expresión moderna de gobierno. Por ejemplo y aunque hubo una elección, el derecho a representar al chavismo fue designado como una especie de herencia, al igual que en las antiguas dinastías.  El militante se entiende como un súbdito, la fuerza pública es utilizada como una especie de guardia pretoriana, el poder se distribuye en cuotas en un círculo oligárquico que lo administra para su beneficio económico, el presidente es prácticamente un monarca; la constitución y las leyes están subordinadas a los designios del poder central, al igual que en el absolutismo en el cual aunque había un estado de derecho y leyes en muchas ocasiones las decisiones de los monarcas estaban por encima de esas leyes. El enfrentamiento entre los distintos grupos de poder es similar al enfrentamiento entre clanes y señores.

De hecho muchos de los problemas que vemos en la Venezuela de hoy también están presentes en esas antiguas monarquías. Pérdida de control de parte del territorio en manos de bandas, delincuentes, etc., gran parte de la población sumida en la miseria o muriendo de hambre, mientras los gobernantes viven en opulencia, la inseguridad. Una forma de gobierno donde las decisiones dependen de las intrigas palaciegas y el poder es administrado de una manera arbitraria, prácticamente sin ningún control. Más allá de la aceptación de una ideología o de tratar de generar un cambio en la sociedad, lo que le interesa al gobierno es que sus decisiones no sean cuestionadas.

NI IZQUIERDA NI DERECHA

De hecho en Venezuela la dicotomía izquierda – derecha, progresismo – conservadurismo, socialismo – liberalismo, no es la que está marcando el conflicto político. Es una lucha diferente. Es la confrontación entre esta especie de absolutismo mesiánico y la modernidad. El enfrentamiento entre la barbarie y la acción civilizadora de Gallegos. Precisamente es por eso que adversando al gobierno de Venezuela, se ven juntos, sentados en una misma mesa, movimiento de izquierda y de derecha.

UN VIAJE DE VARIOS SIGLOS

Puede sobrevivir un gobierno con características tan premodernas, es quizás la pregunta interesante de responder. Por lo pronto son muchos los venezolanos que sufren las consecuencias de esta otra lógica, donde el beneficio de la población no es lo más importante. Algunos permanecerán en el país tratando de mejorar sus posibilidades dentro de esta visión que conocen y ahora se impone desde las esferas del poder. Otros buscarán resolverse la vida más allá de la frontera. De estos una buena parte se va tratando de recuperar la ilusión de modernidad que alguna vez estuvo a su alcance.

Traspasar las fronteras aunque para muchos en la práctica sea algo de horas, representa en realidad un viaje de varios siglos.

AGRADECIMIENTOS:

Profesores: Fernando Falcón, Gustavo Villasmil, Pedro Castro

En cuyas clases del Doctorado de Ciencias Políticas – UCV hemos discutido estos temas.

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